¿Puede el Papa comunicar por redes sociales?

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El 12 diciembre de 2012, el Papa de ese entonces, Benedicto XVI, sorprendía al mundo entero con el siguiente mensaje vía @Pontifex: “Queridos amigos, me complace ponerme en contacto con vosotros a través de Twitter. Gracias por vuestra respuesta generosa. Os bendigo a todos vosotros con todo mi corazón”. 138 caracteres inaugurales no hacían más que confirmar el inimaginable poder de las redes sociales.

En pocos segundos su mensaje fue viralizado en todos los idiomas. No hubo rincón con conectividad donde no se hablara de este acontecimiento. El representante de Dios en la tierra era tan mortal como nosotros, usaba Twitter, habría un canal de comunicación más directo y transparente, donde el objetivo siempre fue uno: acercar sus mensajes a la mayor cantidad de fieles. Se subía a la ola de la modernidad y de la cual no espera bajar. Ya lo demuestra el Papa Francisco al publicar ni bien fue nombrado: “Queridos amigos, os doy las gracias de corazón y os ruego que sigáis rezando por mí. Papa Francisco”. Y a la fecha sigue muy activo en redes.

¿Debe el Papa estar en redes sociales? Pues claro que sí, incluso tendría que ser mucho más activo y sacarle un mayor millaje a todos los recursos y posibilidades que nos ofrece internet. Acaso no se imaginan a Francisco transmitiendo en vivo un mensaje para su comunidad, tomándose un selfie con algunos de sus seguidores, mandando saludos a través de Snapchat o respondiendo comentarios al azar todos los días. ¿Se imaginan el efecto positivo que tendría todo ello en la imagen que representa?

Es que para eso también existe internet. Esas características que todos aprovechamos, que nos cambian la manera de comunicar, que rompen barreras y nos acerca a quien queramos están a su disposición para dialogar en los espacios donde su comunidad suele desenvolverse.

Internet es la verdadera cultura del encuentro, puesto que genera una proximidad casi natural con las personas al instante, al poder dialogar y escuchar los temas que les interesan, en los que la iglesia siempre va a tener algo que decir. Ya no hay manera de desviar la atención o cerrar los ojos ante temas diversos. Lo omnipresente, dinámico y multimedia, características innatas del mundo digital confluyen a su favor, permitiendo mayor conectividad, generando un diálogo informal que humaniza más al vicario de Cristo en la tierra.

Es solo aprovechar la tecnología de la época y hacerla suya. En los tiempos de Jesús no existía la imprenta, así que todo el conocimiento se transmitía de manera oral. Los trolls también existían a manera de enemigos. Las parábolas de la época pueden ser reemplazadas ahora por historias de Instagram o en Facebook. Su fin es el mismo -enganchar a la comunidad a través de ejemplos-  gracias al storytelling.

Las personas continúan buscando un tema esencial desde el inicio de la humanidad: satisfacer la necesidad de comunicarse ente ellas. Ya sea mediante una conversación, un texto, una fotografía, una canción, un video o cualquier forma. La historia nos demuestra que cambia el medio, pero la esencia de la comunicación se mantiene. Y allí es donde se tiene que estar predicando, midiendo y sintiendo. Porque si el Papa no mide el impacto de sus acciones en el mundo digital, perderá una gran oportunidad de corregir y enganchar de mejor manera con su comunidad.