¿Subestimaron los problemas o sobrestimaron su gobierno?

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En mi modesto entender, uno de los momentos más importantes del mensaje del presidente Pedro Pablo Kuczynski, el pasado 28 de Julio 2017, ha sido: “Quizá subestimé el esfuerzo titánico que requería restablecer el crecimiento económico… Me disculpo si fue así”. Mientras lo dicho por el presidente parece un mea culpa, las explicaciones más en detalle, dichas en el propio discurso, nos muestran, en verdad, que lejos de reconocer errores propios, volvió a esquivar su responsabilidad política.

El presidente ha dicho que los principales problemas que impidieron una mejor performance económica han sido Lava Jato, el niño costero y “las medidas discutibles” dictadas al final del gobierno pasado. Eso, y punto. Es decir: los errores vienen de afuera pero no de adentro.

Subestimar es una palabra muy interesante y cuidadosamente escogida por el mandatario. Pero sobrestimar es otra, que le agrega un sentido complementario aún más interesante para el análisis político, que se desprende también de lo dicho por el presidente. Así, mientras subestimar significa, estimar algo por debajo de su valor. Sobrestimar significa, estimar algo por encima de su valor.

El presidente, entonces, parece haber llegado a la conclusión que, durante los últimos 12 meses, él y su equipo de ministros y asesores, estimaron por debajo de su valor el impacto que tendría la mega corrupción de empresas brasileras, el inusual embate de los huaicos y los sospechosos pasivos que dejó el gobierno nacionalista. El presidente y su equipo, pensaron que nada de eso pondría el país al borde de la recesión. Pero igual, si creemos en esa versión de los hechos hay una pregunta que alguien debería contestar: ¿Cómo entender –y disculpar- que un grupo de profesionales tan experimentados haya cometido errores de valoración tan evidentes?

Creo, en verdad, que el presidente, alentado por su círculo de poder, jamás subestimó nada de lo que ha dicho, sino que sobrestimó su influencia, su poder y hasta su suerte. Pensó que bastaba ser “el ejecutivo” y que podría “jalarse” algunos congresistas de la oposición; que podría manejar procuradoras torpemente; que la contraloría se asustaría si enviaba al ministro de economía; que los medios de comunicación amigos harían su chamba; que los troles pagados con dinero de todos los peruanos también; que bastaba, por ejemplo, crear un régimen tributario nuevo para recaudar más impuestos; que remontar la anemia en la inversión pública era solo cuestión de decisión; o que la inversión privada se arreglaba hablando con los amigos de siempre.

PPK y su equipo -y el oportuno veneno de algunos asesores que aún hacen cola-  sobrestimaron la coyuntura política, miraron con desdén a los maestros, a los médicos y al congreso –que llamaron obstruccionista- y a las instituciones –que han golpeado y envilecido. Y la soberbia les pasó factura. La aprobación de su gestión se ha derrumbado de 56% a 34%, en 12 meses, y sigue cayendo.

Pero PPK no ha hecho ningún mea culpa. El 27 de Julio el presidente, a pesar que el 80% pedía relevos urgentes en el gabinete, según la encuestadora Ipsos Perú,  hizo un cambio de sillas e incorporaciones irrelevantes al mismo. Al parecer no hay errores y por lo tanto no hay necesidad de cambio. Esa es la lectura que los hechos y las palabras demuestran.

De modo que, empezando este segundo año de gobierno, vale esta reflexión. Hay que gobernar con más seriedad. Los políticos y las autoridades deben hablar con la verdad.  El pueblo mira y se desilusiona no solo del gobierno –bueno fuera- sino de la democracia, y comienza a pensar que esta no garantiza un mejor futuro, y que es ineficaz para apartar a los incompetentes, a los frívolos o los corruptos. El gobierno debe aprender y enmendar el rumbo. El tiempo se acaba.

 

 

Escucha aquí el comentario de Alfonso Baella, quién nos cuenta con mayor detalle su análisis sobre el mensaje presidencial del pasado 28 de julio.